Brecha salarial de género en el Perú: mujeres ganan S/ 573 menos que los hombres y desigualdad se agudiza en el sector rural

por | Oct 9, 2025

En el marco del Día Internacional de la Igualdad Salarial, un reciente análisis del Instituto Peruano de Economía (IPE) reveló que la brecha salarial de género en el país ascendió a 27.2% en 2024. Esta cifra supera el nivel registrado antes de la pandemia en 2019, cuando se ubicaba en 27.0%, lo que confirma un estancamiento de la equidad laboral en la última década, aunque el indicador se mantiene por debajo del 33.7% observado en 2004. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO), el ingreso promedio mensual de las mujeres se situó en S/ 1,536, mientras que los hombres alcanzaron los S/ 2,109, lo que representa una diferencia real de S/ 573 que evidencia las persistentes barreras estructurales en el mercado laboral peruano.

El impacto de esta disparidad de ingresos varía drásticamente según la geografía del país y se agudiza de forma alarmante en el sector rural. Las regiones de Arequipa, Moquegua y Cajamarca presentan las brechas salariales más profundas con 42.4%, 40.4% y 38.4% respectivamente; en contraste, Loreto logró cerrar su brecha en 2024, mientras que Amazonas y Madre de Dios registraron las menores diferencias de ingresos. Sin embargo, a nivel nacional, la brecha salarial se eleva al 39.7% en las zonas rurales frente al 27.6% del área urbana. Según el Índice Regional de Brechas de Género del IPE, las cinco regiones con mayor inequidad general —Cajamarca, Huancavelica, Amazonas, Apurímac y Huánuco— coinciden con ser las de mayor población rural, llegando a extremos como el de la ruralidad de Cajamarca, donde la brecha salarial trepa hasta el 50.6% debido a la elevada informalidad y a la concentración del empleo en actividades de baja productividad.

Estas diferencias económicas responden directamente a las menores oportunidades de inserción y a la baja calidad del empleo al que acceden las mujeres. Mientras que ocho de cada diez hombres en edad de trabajar participan activamente en el mercado laboral, solo seis de cada diez mujeres logran hacerlo. Asimismo, la informalidad laboral golpea con más fuerza a las mujeres afectando al 72% de ellas, en comparación con el 64% de los hombres. Esta precariedad se refleja también en el acceso al empleo adecuado, un beneficio que alcanza al 62.3% de los varones pero apenas al 42.8% de las trabajadoras, limitando severamente sus posibilidades de participar en sectores de alta productividad y obtener mayores ingresos.

Las disparidades salariales también se manifiestan según el nivel educativo a través de los fenómenos conocidos como «pisos pegajosos» y «techos de cristal». La brecha salarial alcanza su punto más alto, un 39.5%, en el grupo de población sin estudios, y aunque se reduce al 28.2% con educación superior no universitaria y al 23.9% con educación universitaria, la desigualdad persiste. El fenómeno de los pisos pegajosos mantiene a las mujeres de menores ingresos y baja escolaridad atrapadas en empleos informales sin opciones de movilidad social debido a limitaciones familiares. En el otro extremo, los techos de cristal representan aquellas barreras invisibles que restringen a las mujeres con igual calificación profesional que los hombres para acceder a los cargos de mayor liderazgo y alta dirección.

Uno de los detonantes más claros de esta desigualdad económica es la distribución desproporcionada del trabajo doméstico no remunerado y el impacto de la maternidad. La brecha salarial entre hombres y mujeres sin hijos es de 23.4%, pero se dispara a 34.2% entre padres y madres. Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo, las mujeres dedican en promedio 35 horas semanales a tareas del hogar y de cuidado, más del doble del tiempo que destinan los hombres, una carga que se eleva a 45 horas semanales entre los 31 y 40 años, la etapa de mayor productividad profesional. Esta realidad provoca que, según estudios internacionales, el 40% de las trabajadoras peruanas deje de trabajar inmediatamente después de tener su primer hijo y que, una década después, el 41% de ellas siga sin reincorporarse al mercado laboral, mientras que la participación masculina casi no se modifica.

Finalmente, el análisis del IPE demuestra la existencia de una discriminación latente al calcular la brecha salarial «ajustada». Al comparar a hombres y mujeres bajo las mismas condiciones individuales y laborales, como edad, nivel educativo, área geográfica y años de experiencia, subsiste una brecha del 20.5% en 2024. El hecho de que este indicador se haya mantenido estancado entre el 19% y 23% durante la última década sugiere que una quinta parte de la desigualdad responde a factores no observables asociados a prácticas discriminatorias. Para revertir esta situación, se requiere implementar políticas integrales que fortalezcan los servicios de cuidado como Cuna Más, adaptándolos a los ciclos agrícolas rurales, promuevan el teletrabajo y los horarios escalonados, mejoren la educación de las niñas, mitiguen el embarazo adolescente y combatan de forma multisectorial la violencia de género.

Informe completo del IPE y bases de datos interactivas por regiones:  https://www.ipe.org.pe/portal/indice-regional-de-brechas-de-genero/